Entre la locura por el Arsenal y los apuros en Mercedes: la F1 aterriza en Canadá

La Fórmula 1 vuelve a rugir en el circuito Gilles-Villeneuve de Montreal y hay un par de británicos que andan con los ánimos por las nubes. Lando Norris y Lewis Hamilton llegan a Canadá con una sonrisa de oreja a oreja, y no es solo por la urgencia de sumar puntos en los campeonatos de pilotos y constructores. Resulta que su equipo del alma, el Arsenal, por fin rompió esa sequía de 22 años y se coronó campeón de la Premier League.

Lando, que ya nos había dejado a todos con un nudo en la garganta cuando se coronó campeón del mundo de la F1 en Abu Dhabi, anda viviendo un sueño en esta temporada 2026. El actual número uno de McLaren se topó hace poco con Declan Rice en el McLaren Technology Centre para grabar el segundo episodio de Raising The Bar a principios de mayo. Un lujo, considerando que el invitado anterior había sido Thierry Henry.

Fue pura chiripa del destino, pero justo después de esa plática con el mediocampista, a Lando le tocó ver cómo los Gunners al fin levantaban la copa. Y lo mejor para ellos fue que el equipo de Mikel Arteta ni siquiera tuvo que sudar la gota gorda en la última fecha del domingo contra el Crystal Palace en Selhurst Park. El Manchester City la regó el martes por la noche y apenas rescató un empate 1-1 contra el Bournemouth en los últimos minutos. Así que Norris no tardó en agarrar la publicación de Rice en Instagram y darle repost tirando pinta: “¡Felicidades mi hermano, campeones!”.

Y claro, el viejo lobo de mar del paddock no se iba a quedar atrás. Lewis Hamilton, con sus siete coronas a cuestas y ahora vistiendo los colores de Ferrari, también sacó el pecho por su equipo. Desde los cinco años es hincha a muerte del Arsenal, un detalle que ya había soltado en una entrevista por allá en 2015. Agarró su teléfono y tanto en X como en Instagram compartió la publicación del club con un simple pero contundente “COYG” (Come on you Gunners). La gran intriga ahora en el paddock es si estos dos van a salir a presumir la camisa del equipo londinense o algún accesorio futbolero este fin de semana.

Pero la onda es que no todo es fiesta y fútbol para los británicos en Canadá. En el garaje de Mercedes, la historia es totalmente distinta y George Russell tiene que ponerse las pilas rápido. El maje anda rezagado en la tabla provisional frente a su propio compañero de equipo, el cipote italiano Kimi Antonelli, que apenas tiene 19 años.

El jueves, antes de que empezara el relajo en la pista, a Russell le llovieron las preguntas en la conferencia de prensa. Y aunque intentó vender la idea de que aquí no pasa nada, se le nota la presión. Aseguró que no tiene ninguna razón para andar paniqueando, que para él esta es solo una carrera más y que ni siquiera tiene el Campeonato en la cabeza. Dijo estar claro de lo que es capaz. Reconoció que el Gran Premio de Miami a principios de mayo fue un desastre, pero rápido se escudó diciendo que el año pasado también le había ido mal en Florida y luego vino a Montreal a llevarse la victoria en ese 2025.

Los números, sin embargo, no mienten y el chavo italiano le está comiendo el mandado. Russell, ya con 28 años, arrancó este 2026 con pinta de futuro campeón del mundo, pero le tocó aceptar la madurez y el talento de su compañero. El protegido de Toto Wolff, que recién cumple los 20 en agosto, se ha llevado tres de los primeros cuatro Grandes Premios del año (China, Japón y Miami) con una frialdad que asusta. George pegó primero ganando en Melbourne, pero después se tuvo que conformar con un segundo lugar en China y dos cuartos puestos en Japón y Miami.

Aun así, Russell no da el brazo a torcer. Dice que no hay garantía de que este fin de semana vaya a ser un mal rato y que solo le toca concentrarse, seguir su proceso como hizo en Australia y China, y controlar lo que está en sus manos. Insiste en que las cosas siguen su curso normal y no hay por qué preocuparse. Habrá que ver si el asfalto de Montreal le da la razón o si el italiano le vuelve a pintar la cara.